Nuestro blog: Siguiendo a Emily Dickinson

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Buenos Días, Medianoche

Un poema de Emily Dickinson que da título a una novela de Jean Rhys. Dos mujeres ex-céntricas, demasiado rompedoras para ser entendidas en su época, que crean desde los márgenes obras que se proyectan hacia el futuro; un aliento que nos llega hasta hoy.

 

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Recuerdo

 

La vida de Jean Rhys (1894-1979) también se desarrolló en esos márgenes, desde donde observa y cuestiona el mundo de los años 30, un sistema social en crisis en el que la consideración de las personas se reduce a su precio de mercado. Las protagonistas de sus novelas son mujeres que quieren creer, pero que se mueven entre la desesperanza y la resiliencia, la melancolía y el júbilo. Como escribe Isabel Núñez “…en todas las obras de Jean Rhys hay una verdad dolorosa y una sensibilidad llena de misterio que late en esas páginas.”

Dickinson se margina voluntariamente, para sustraerse a los condicionantes que tenía como mujer de la época victoriana. A Rhys le margina la falta de medios económicos y de reconocimiento público. Las dos escriben en un mundo dominado por hombres; otro atributo marginal.

Este es el poema que las une (nº 382):

Buenos Días – Medianoche –

Vuelvo a Casa –

El Día – se ha cansado de Mí –

¿Cómo podría yo – de Él?

 

La Luz del Sol era un dulce lugar –

Yo deseaba quedarme –

Pero la Mañana – no me ha querido – ahora –

Así que – ¡Buenas noches – Día! […]

Good Morning – Midnight –/I’m coming Home –/Day – got tired of Me –/How could I – of Him? // Sunshine was a sweet place –/I liked to stay –/But Morn – did’nt want me – now –/So – Good night – Day! […]

Un juego de imágenes invertidas que transmite esa sensación de extrañamiento, de ocupar un lugar al otro lado del común.

La novela de Rhys (1939), traspasa como una cuchillada, es perturbadora y emocionante. Un retrato minucioso de la naturaleza humana, y de las “verdades improbables […] la verdad se ve en espejos deformantes”. En un párrafo que describe las distintas habitaciones de hotel que ha ido ocupando la protagonista, plasma una metáfora del ascenso y el descenso social. Como el ritmo sincopado del jazz, su prosa está llena de musicalidad (que intentaré traducir aquí):

¿Una habitación? ¿Una habitación agradable? ¿Una habitación bonita? Columpiarse arriba, columpiarse abajo, columpiarse adelante y atrás…Esto ocurrió y aquello ocurrió…Y luego llegaron los días en que estuve sola”

“A room? A nice room? A beautiful room? Swing high, swing low, swing to and fro…This happened and that happened…And then the days came when I was alone”.

O de cómo la sociedad expulsa a las afueras a quienes no tienen medios o se niegan a seguir las reglas. Las casas, los edificios, pasan de significar un hogar, un refugio, a ser objetos amenazantes.

“Caminando por la noche con las oscuras casas encima de ti, como monstruos. Si tienes dinero y amigos, las casas son solo casas […] –casas acogedoras.”

«Walking in the night with the dark houses over you, like monsters. If you have money and friends, houses are just houses […] –friendly houses.”

Intentando alcanzar un estado de indiferencia hacia sí misma y hacia los demás para defenderse de ese entorno hostil:

“No tengo orgullo – ni orgullo, ni nombre, ni rostro, ni país.[ …] Que más da.”

“I have no pride – no pride, no name, no face, no country. […]It doesn’t matter.»

“Bajo la superficie, soy indiferente. Bajo la superficie hay siempre agua estancada, quieta, indiferente – la amarga paz que está muy cerca de la muerte, del odio.”

“Underneath, I’m indifferent. Underneath there is always stagnant water, calm, indifferent – the bitter peace that is very near to death, to hate.”

Emily Dickinson pertenecía a una clase social acomodada, pero también fue señalada como excéntrica. Y tenía la visión para percibir, y poner en palabras, la oscuridad que acecha, el momento al borde de la desesperación. Como en este poema (nº 576):

La diferencia entre Desesperación

Y Miedo, es como La que hay

Entre el instante de un Naufragio 

Y cuando el Naufragio ha sido –

La Mente está lisa –

Sin movimiento – Satisfecha como el Ojo

En la Frente de un Busto –

Que sabe que no puede ver –

The difference between Despair/ And Fear, is like the One/Between the instant of a Wreck/ And when the Wreck has been –/The Mind is smooth – /No motion – Contented as the Eye/Opon the Forhead of a Bust –/That knows it cannot see –

 

Jean Rhys – y su protagonista-  es muy consciente de las fuerzas que operan fuera de nuestro control. Una detallada descripción del viento moviendo las flores del alféizar y las sombras que proyectan a través de la cortina, le sirve para introducir esa amenaza latente:

“Como lo impredecible asomando la cabeza, ingobernable y sin propósito, durante un instante hasta hundirse, derrotado, en las tinieblas.”

“Like the incalculable raising its head, uselessly and wildly, for one moment before it sinks down, beaten, into the darkness.”

“Incluso ese momento que pensaste que era tu eternidad se desvanece y se olvida y muere.”

“Even the one moment that you thought was your eternity fades out and is forgotten and dies.”

La autora y su personaje recurren al alcohol y a las relaciones casuales para ir sorteando las miserias de la rutina a la que se han visto abocadas, buscando un alivio que no llega. Como escribe Emily en otro de sus poemas (588):

El Corazón pide Placer – primero –

Y luego – excusa del Dolor –

Y luego – esos pequeños Anodinos

Que amortecen el sufrimiento –

 

Y luego – dormirse –

Y luego – si fuera

La voluntad de su Inquisidor

El privilegio de morir –

The Heart asks Pleasure – first –/And then – excuse from Pain –/And then – those little Anodynes/That deaden suffering – //And then – to go to sleep –/And then – if it should be/The will of it’s Inquisitor/The privilege to die –

Sin un gramo de autocompasión, al borde de ser derrotada por la vida, la protagonista de la novela se emancipa de sus demonios en un relato descarnado y lleno de fuerza, prometiéndose no despreciar ni despreciarse nunca más.

En palabras de Emily Dickinson (594):

Cuando tenía esperanza, yo temía –

Puesto que tenía esperanza, me atrevía […]

When I hoped, I feared – / Since I hoped I dared […]

No es mero instinto de supervivencia; es también la capacidad de ver, de permitirse la posibilidad de la esperanza después del descenso al infierno personal.

Imagen: Recuerdo, pintura de Mariana Laín