Nuestro blog: Siguiendo a Emily Dickinson

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Las Veloces Particiones

Hay un poema bellísimo de Idea Vilariño (Montevideo, 1920-2009) que expresa con toda la intensidad y el desgarro la lucha interior que tiene lugar entre las distintas fuerzas que nos mueven.

Decir no

decir no

atarme al mástil

pero

deseando que el viento lo voltee

que la sirena suba y con los dientes

corte las cuerdas y me arrastre al fondo

diciendo no no no

pero siguiéndola.

Cuántas veces nos hemos lanzado al agua, sin darnos cuenta -sin saber- que era un espejismo. Y aún así, estamos deseando lanzarnos otra vez, en pos de una llamada. O aun sabiéndolo, la pulsión más primaria es ciega pero es el mismo impulso vital de ir hacia la luz; nos arrastra pero también nos transporta.

 

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Como Emily Dickinson, la gran poeta uruguaya también rehuyó la promoción pública de su obra y tienen en común la autenticidad, la pasión y la libertad con la que escribían. ID se expresa en un lenguaje mucho más descarnado y directo que el de ED. Ambas comparten la admiración por Shakespeare, al que Vilariño tradujo al español, y también el amor por la música; las dos fueron compositoras. Entre ambas he encontrado este juego de espejos.

Escribe Emily en el poema 1255:

Fortaleza encarnada

Está guardada aquí

En las veloces Particiones

Del espantoso Mar –

[…]

Edificio de Oceáno

Tus tumultuosas Cámaras

Me sientan en un riesgo

Mejor que las Tumbas

Fortitude incarnate/ Here is laid away/ In the swift Partitions/ Of the awful Sea – […] Edifice of Ocean/ Thy tumultuous Rooms/ Suit me at a venture/ Better than the Tombs.

La corriente del deseo, el motor detrás de la inspiración poética; la búsqueda, la fuerza que mueve la vida. No hay búsqueda sin riesgo, hay que saltar para asomarse a lo desconocido, guiarse por el fulgor que siempre se encuentra un poco más allá.

Como dice Dickinson en otro poema (1641)

Aunque las Grandes Aguas duerman,

De que sigue siendo la Profundidad,

No podemos dudar –

Ningún Dios vacilante

Encendió esta Morada

Para apagarla

Tough the Great Waters sleep,/ That they are still the deep,/ We cannot doubt – / No vacilating God/ ignited this Abode/ To put it out –

Ese campo de misterio, las profundidades donde a veces nos atrevemos a mirar. Inclinarse sobre una superficie que puede que sea nada más que nuestro propio reflejo. ED no tiene dudas, ahí está el motor de la vida, de la inspiración; y del amor. Las grandes aguas – que son también un símbolo sexual – aunque durmientes, siguen encendidas como brasas.

El último reflejo es otro poema suyo (1647):

No sabiendo cuando vendrá la Aurora,

Yo abro todas las Puertas,

O tiene ella Plumas, como un Pájaro,

U Oleadas, como una Costa –

Not knowing when the Dawn will come,/ I open every Door,/ Or has it Feathers, like a Bird,/ Or Billows, like a Shore –

La disposición a recibir el regalo de la inspiración y del amor con todas las compuertas abiertas a los elementos, el agua, el aire, el pájaro que canta como la poeta y las oleadas del placer que inundan nuestros sentidos. La aurora, el principio de todo.