Nuestro blog: Siguiendo a Emily Dickinson

Síguenos

Sigue nuestro blog


Ni aislada ni ajena

Solitaria, pero no aislada, Emily Dickinson preservó su privacidad por todos los medios. Una elección, por cierto, que no suele cuestionarse cuando se refiere a creadores del sexo masculino. Pero en su caso, la necesidad de soledad y contemplación se ha interpretado durante mucho tiempo como un retiro patológico y una señal de intensa aflicción y vulnerabilidad.

Tampoco era ajena al mundo en el que vivía. En sus escritos se reflejan tanto los asuntos de la vida cotidiana como las referencias literarias que le servían de inspiración: George Eliot, de quien dijo que era “la vereda hacia las Indias que buscaba Colón”. Charlotte Brontë, de la que escribió después de su muerte: “¡Oh qué atardecer para el Cielo, / Cuando “Bronte” entro allí!”.

George Eliot

George Eliot

Charlotte Brontë

Charlotte Brontë

Shakespeare, Dante, Mirabeau, Swift, son otros referentes para ella. En su correspondencia con Susan, utiliza con frecuencia citas y personajes de Shakespeare para referirse a situaciones concretas, o a ellas mismas, en un juego literario que compartían. Y que da fe del lugar que la literatura ocupaba en su relación. A veces es una sola línea: “Egypt – thou/ know’st” (“Egipto – tú sabes”), parte del discurso de Antonio a Cleopatra. O un guiño como: “For Brutus, / as you know, / was Caesar’s / Angel” (“Pues Bruto, como sabes, fue el Ángel de César”).

Elisabeth Barrett Browning

Elisabeth Barrett Browning

Pero quizás la autora sobre la que más escribe, y a la que dedica varios poemas, es Elisabeth Barret Browning (1806-1861), una de las poetas más conocidas de la época victoriana. En su juego literario, Emily la llama “esa Dama Extranjera”, y también  “Italia” (donde EBB residió largo tiempo y donde murió), como en el poema nº 129, que empieza así:

Nuestras vidas son Suizas – / Tan calladas –  tan frías – / Hasta que una extraña tarde / Los Alpes olvidan sus cortinas / Y vemos más lejos. / Italia está al otro lado.  […]

Our lives are Swiss, / So still – so cool – / Till some odd afternoon / The Alps neglect their curtains / And we look further on./ Italy stands the other side. / […]

Elizabeth Barrett Browning la había hechizado con Aurora Leigh, una extensa obra en verso (blank verse), dividida en nueve libros; novela épica que narra la forja de una poeta, explora la cuestión femenina, el arte y su relación con la política y la opresión social. El título está inspirado en la Aurora de Miguel Ángel, escultura de la tumba de Lorenzo de Médici, en Florencia (ciudad de residencia de EBB). Emily evoca a menudo la Aurora en sus poemas, para referirse no solo al comienzo del día, sino como metáfora de la luz y el despertar. En otros poemas la Aurora también expresa la idea de visión, de transporte, de éxtasis místico.

Cuando muere Elisabeth, Emily le envía a Susan una carta-poema (nº 600) en la que se refleja la profunda admiración que ambas la profesaban: Los “últimos Poemas” – de Ella – / pusieron fin a los Poetas – /La Plata pereció con su lengua – […] (Her – “last Poems” – / Poets ended – / Silver perished with her / Tongue – […])

Y Emily le dedica el conocidísimo poema (nº 637) que comienza:

Yo fui para darLe las gracias –

Pero Ella Dormía –

Su Cama – una Lápida cónica –

Con Ramilletes en la Cabecera y Pie –

Que habían arrojado – Quienes viajaron –

 

Para darLe las gracias –

Pero Ella Dormía –[…]

I went to thank Her – / But She Slept – Her Bed – a funneled Stone – / With Nosegays at the Head and Foot – / That Travellers – had thrown – // Who went to thank Her –/ But She Slept – […]