Nuestro blog: Siguiendo a Emily Dickinson

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Una habitante blanca

Un fragmento del Castillo Interior de Teresa de Jesús me ha recordado al Soneto CXLVI de Shakespeare, a su vez uno de los autores favoritos de Emily Dickinson. Y a la escritora Isabel Núñez, admiradora de la poesía de Dickinson, y que cita este mismo soneto en uno de sus libros.

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A mediados del s. XVI, Teresa de Jesús (1.515-1.582) nos dejó su visión del alma en El Castillo Interior, escrito en 1.577. Una visión mística que describe el alma como un castillo de diamantes o de cristal, una imagen que evoca transparencia. Los Sonetos de Shakespeare, que hablan de todos los vientos que atraviesan el espíritu humano, no tienen fecha, pero se estima que fueron escritos en la década de 1.590. Por tanto, ella no pudo leer los Sonetos, ni tampoco Shakespeare pudo leer El Castillo Interior, ya que se publicó por primera vez en inglés en 1.675.

Escribía Teresa de Jesús sobre el alma y el poco cuidado que le dedicamos:

No es pequeña lástima y confusión que, por nuestra culpa, no entendamos a nosotros mismos, ni sepamos quién somos.[…] Mas qué bienes puede haber en esta alma, o a quién está dentro de esta alma, o el gran valor de ella, pocas veces lo consideramos. Y así se tiene en tan poco procurar con todo cuidado conservar su hermosura. Todo se nos va en la grosería del engaste o cerca de este castillo, que son estos cuerpos.” (Cap.I,2).

Y Shakespeare (1.564-1.616), en el Soneto CXLVI, expresa esos mismos conflictos en un tono más terrenal. Soneto del que hago aquí una traducción lo más literal posible:

Pobre alma, el centro de mi materia pecadora,

Confundida por las  fuerzas rebeldes que despliegas

¿Por qué languideces por dentro, y sufres carestía,

Pintando tus muros con una alegría tan costosa?

¿Por qué tan alto precio, para arrendamiento tan breve,

Pagas por una casa en decadencia? […]

Poor soul, the centre of my sinful earth,/ Fool’d by these rebel powers that thee array,/ Why dost thou pine within, and suffer dearth, / Painting thy outward walls so costly gay?/ Why so large a cost, having so short a lease,/ Dost thou upon thy fading mansion spend? […]

El cuerpo como casa o castillo del alma, al que tanta atención dedicamos cuando está destinado a desaparecer (“fading mansion”), que nos hace perder de vista el sentido más profundo de nuestra naturaleza.

Uno de los poemas de Emily Dickinson (1.830-1.886) me inspiró esta asociación con el soneto de Shakespeare y con la escritora Isabel Núñez. Sin mencionarla por su nombre, el alma es esa “habitante blanca” que arrienda la casa:

Demasiado poco lejos la Casa ha de quedar

De cada Corazón Humano

Que contiene en Arrendamiento incontestado

Una habitante blanca –  

Y continúa el poema hablando de la precariedad de esa casa, sujeta a un límite temporal:

Demasiado angosto es el Derecho entremedias –

Demasiado inminente la ocasión –

Cada Conciencia ha de emigrar

Y perder a su adyacente una vez –

Too Little way the House must lie/From every Human Heart/That holds in undisputed Lease/A white inhabitant – //Too narrow is the Right between – /Too imminent the chance – /Each Consciousness must emigrate/ And lose it’s neighbor once – (poema nº 902).

Isabel Núñez (1.957-2012) cita el soneto CXLVI en la última página de su libro Mis postales de Barcelona (2012): “me quedan cinco años de soñar con otras casas, aunque mientras escribía, haya estado a punto de perder ese otro alquiler corpóreo mucho más importante que a Shakespeare le parecía tan corto en su Soneto CXLVI.”

Y en nuestra correspondencia, el 24/6/2012, al preguntarle sobre el significado de esa cita, Isabel contaba que se refería a dos operaciones que había sufrido:

En el tiempo en que escribía ese libro tuve el primer quiste en un ovario, me lo quitaron y resultó ser maligno. Un año después, el otro, mucho más difícil. Dice Shakespeare, hablando a su Poor soul,

Why so large cost, having so short a lease,

Dost you upon thy fading mansion spend?

Por qué derrochas tanto siendo tan corto el alquiler

de una casa que se arruina?

La idea del cuerpo alquilado por el alma como una casa que envejece me impresionó siempre en ese soneto.

¡Y el alma invirtiendo tanto en decorar ese cuerpo! “

Así he dibujado esta escena con cuatro personajes, donde se cruzan las palabras y la poesía, una conversación que empieza en el s.XVI y se cierra en el XXI. El último día de 2014.